LA AMENAZA DE UN TSUNAMI SOLAR

 

 
Tal como estaba previsto, una densa nube de materia solar golpeó la Tierra, alcanzó su máxima intensidad e hizo notar sus efectos en una buena parte del mundo, especialmente en el hemisferio norte.
 
Varios vuelos fueron desviados para evitar el exceso de radiación. 
 
Las auroras boreales fueron más intensas que nunca y pudieron verse incluso sobre Escocia, mucho más al sur de lo habitual. Las principales agencias espaciales seguían pendientes anoche de posibles fallos en ordenadores y sistemas de comunicaciones de los cientos de satélites que orbitan a la Tierra.
Los efectos de esta llamarada solar de clase M8,7 seguirán notándose durante todo el día de hoy, aunque no se esperan daños de consideración.
 
No se descarta que en los próximos días las manchas 1401 y 1402 produzcan nuevas erupciones solares, incluso más intensas. Y es prácticamente seguro, además, que futuras manchas producirán numerosos eventos de este tipo durante los próximos meses. De hecho, estamos entrando en la fase de máxima actividad del presente ciclo solar, prevista en 2012-2013.
 
¿Cómo se protege la Tierra?
 
La rotación del núcleo terrestre, que es metálico, genera un campo magnético, la magnetosfera, que es un escudo natural que absorbe el impacto de las eyecciones de masa coronal del Sol y las desvía hacia los polos, causando espectaculares auroras boreales y australes.
 
¿Puede romperse el escudo defensivo?
 
Si la erupción es lo suficientemente intensa y la dirección del campo magnético de la eyección es perpendicular a la del campo terrestre, el escudo cederá y la atmósfera recibirá una gran cantidad de energía, capaz de cortocircuitar cualquier dispositivo eléctrónico.
 
¿Qué consecuencias tendría la ruptura?
 
Un reciente informe de la NASA advertía de los peligros de un tsunami solar: grandes ciudades sin electricidad ni comunicaciones durante años, éxodos masivos a las zonas rurales y un coste económico cientos de veces superior al huracán Katrina.
 
¿Qué se puede hacer?
 
La única solución es desconectar temporalmente las centrales eléctricas y las redes de telecomunicaciones hasta que pase el peligro. Se está trabajando en protocolos para hacerlo a tiempo.
Tomar conciencia del daño irreparable que la exposición a la radiación solar provocará a nuestra salud.
 
 
 
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