EE.UU. ADVERTIDO QUE PODRIA ENFRENTAR LA FURIA RUSA DESDE EL ESPACIO

Sobre de la nota de Sorcha Faal publicada hoy o ayer, de que existen probabilidades de que un satélite lo conviertan en bomba y que lo teledirijan hacia algún pais en su territorio… pues que se me hace que nomás NO… y si fuera así, no causaria más daño que el inhabilitar y fundir TODAS LOS CIRCUITOS ELECTRONICOS Y SATELITALES si fuera de las llamadas Bomba del Arco Iris, y claro que paralizarian a medio planeta o a las tres cuartas partes de éste dejándolos inermes ante otros ataques y desprovistos de defensas…. las repercusiónes serían tremendas porque quedarian TOTALMENTE PARALIZADOS… excepto en los campos y áreas rurales que serían minimos los daños y efectos… asi que hay que ir pensando irnos de pronto comenzando el 2012 pronto ya por hay a  algún monte lejano del mundanal ruido… jeje;
¿Bomba electromagnética no nuclear?, entonces no sería la del Arco Iris, porque ésta necesita de una mínima explosión nuclear a determinada altura de nuestra atmósfera para incidir en cierto lugar del planeta ayudada por el Haarp, creí entender en teoria.

Y por supuesto que el tremendo peligro de los combustibles tóxicos derivados y exhalados del satélite serían mortales para determinado grupo de población, ¿o del planeta entero?… no cabe duda de que comenzaríamos el 2012 moviditos.

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EE.UU. ADVERTIDO QUE PODRIA ENFRENTAR LA FURIA RUSA DESDE EL ESPACIO

FUENTE: http://sorchafaal-en-espanol.blogspot.com/

Diciembre 26, 2011.

Un reporte “urgente” del Director General de la Agencia Federal Rusa del Espacio, (ROSCOSMOS) Vladimir Popovkin para el Primer Ministro que circula el día de hoy en el Kremlin advierte que parece que la fallida sonda espacial de Marte, Phobos-Grunt, fue convertida en bomba electromagnética no nuclear bajo el control de “fuerzas desconocidas” y podría, muy bien, ser detonada sobre América del Norte dentro de las próximas semanas causando un catastrófico daño.

Según ese reporte, el control de tierra de la ROSCOSMOS perdió contacto con la Phobos-Grunt poco después de su lanzamiento el 9 de noviembre, cuando esa sonda hacia Marte no logró encender sus cohetes dejándola así al garete en la baja órbita de la Tierra y al haber fallado también los intentos posteriores de la Agencia Espacial Europea (ESA) para hacer contacto con ella.


El peligro conocido que representa el regreso de la Phobos-Grunt a nuestro planeta son las 7.5 toneladas métricas de los altamente tóxicos combustibles químicos hidrazina y tetróxido de nitrógeno, que eran para impulsar esa sonda hacia Marte, pero que ahora constituye la mayor amenaza para nuestro planeta desde que comenzó la era espacial, de parte de un objeto que se sale de órbita.

Como comparación debe de notarse que la cantidad de combustible a bordo de la Phobos-Grunt es casi 20 veces la cantidad que tenía el satélite espía Estadounidense USA-193 que fue derribado con armas antes de re-entrar a la Tierra en febrero de 2008 y antes de que pudiera causar daño a nuestro planeta.

Lo más espantoso de ese informe es la declaración que hace el Director Popovkin de que la falla de la Phobos-Grunt parece estar relacionada a un “control manual” de sus sistemas internos emitida por unas aún “desconocidas fuerzas” pero de las que, el Tte. General Nikolay Rodionov, comandante retirado del inicial sistema de alerta de misiles balísticos, culpó al Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP) de los Estados Unidos al apuntar que esos “poderosos radares Estadounidenses pudieron haber influido en los sistemas de control de nuestro trotamundos interplanetario”.

Las afirmaciones del General Rodionov de que los Estados Unidos son los responsables de la falla de la sonda de Marte fueron disputados por Craig Selcher, gerente del programa del HAARP, con el Directorado de Vehículos Espaciales del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en la Base Kirkland de la Fuerza Aérea en Nuevo México, que señaló que la máxima energía que la Phobos-Grunt pudo haber sentido del HAARP hubiera sido igual a una densidad de potencia de 1.03 milliwatts por centímetro cuadrado que dijo sería como un fulgor de un foco de 60 watts sobre la nave desde una distancia de 21 metros.

El Director Popovkin, en su informe, no obstante, contrarresta las afirmaciones del Sr. Selcher de que la potencia del HAARP es insuficiente para afectar a la Phobos-Grant al señalar que todos los instrumentos de la nave espacial operan, de hecho, en el rango de los milliwatts como es común con todos los vehículos interestelares que viajan a grandes distancias y necesitan conservar su potencia.

Ese informe, señala mayor confirmación de que los sistemas de la Phobos-Grunt que se vieron afectados, fueron recibidos de la Sociedad Planetaria que después de haber sido informada por el Presidente del Consejo Ruso de la Exploración del Sistema Solar, Lev Zelenyi de su falla declararon que: “Aunque es técnicamente correcto que la etapa de la propulsión “no encendió” todo aquel que haya estado siguiendo los eventos sabrá que la verdadera falla fue la del sistema de control a bordo. Debido a esa falla, cualquiera que ésta haya sido, la computadora de la Phobos-Grunt no pudo ya distinguir los demás componentes de la nave espacial, incluyendo la etapa de propulsión, para encender, así que no encendió”.

En cuanto a quien controla la Phobos-Grunt, o con qué propósito, el Director Popovkin, hace esta espantosa advertencia en su reporte, de que esta nave ya tiene todas las capacidades de convertirse en un arma electromagnética no nuclear (AEMNN) pues estos tipos de dispositivos requieren de grandes cantidades de explosivos químicos como su fuente inicial de energía y que con 7.5 toneladas métricas de los altamente tóxicos hidrazina y tetróxido de nitrógeno a bordo califica a esa sonda fallida, exactamente como ese tipo de amenaza.

Específicamente, el Director Popovkin apunta en su informe que si el espectrómetro de Neutrones de la Phobos-Grunt, el espectrómetro Alfa y el espectrómetro de Iones se activan en modo de potencia total y si a esto se le une una explosión de más de 7 toneladas métricas de la hidrazina y del tetróxido de nitrógeno, pudiera darse una explosión de Pulso Electro-Magnético (PME) y si explota a la suficiente altura (medida en decenas de miles de metros) devastaría un área de más de 1,000 kilómetros.

En lo que respecta a quien pudiera desear crear tal destrucción y como lo menciona previamente el General Rodionov en su informe, parece que el principal sospechoso es Estados Unidos pues se economía ya casi está en la implosión total y muchos ya están especulando que a su Presidente Obama ya no le queda otra opción más que la de la Guerra Mundial Total para contener el creciente disturbio social en su país.

Y los Estadounidenses culparían de tal catastrófico ataque contra su país, probablemente, a Irán, pero como la nación Persa cuenta únicamente con un presupuesto de defensa de $ 10 Billones de dólares (comparado con el de Estados Unidos de casi $ 800 Billones) crecen las preocupaciones en el Kremlin de que Rusia, pudiera ser, de hecho, el próximo objetivo de esos belicistas.

El temor se intensificó la semana pasada cuando las autoridades Finlandesas descubrieron 69 misiles Patriot etiquetados como “fuegos artificiales” embarcados con rumbo a China o Corea del Sur, lo que negaron las autoridades Chinas al señalar “Hasta donde nosotros sabemos esos artículos fueron hechos en Alemania y fueron enviados rumbo a Corea del Sur. Ese es un barco Británico que salió de Alemania transportando misiles Patriot para Corea del Sur”.

Desconocido para los Estadounidenses es que ese embarque de misiles Patriot viola demasiados tratados internacionales de control de armas como para ponerlos a todos juntos en este reporte, pero que los Estados Unidos, sin duda alguna, sienten que pueden hacerlo ya que a principios de este mes, suspendió el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa (CFE) que tenia convenido con Rusia.

En cuanto a porqué Estados Unidos se arriesgaría a una Guerra Mundial Total para lograr sus aspiraciones globales de controlar todo, los científicos sociales Rusos han notado desde hace mucho tiempo la fijación Occidental en la “Teoría del Caos” y que se describe como sigue:

La Teoría del Caos es un campo de estudio en matemática, con aplicaciones en varias disciplinas que incluye a la física, la economía, la biología y la filosofía. La Teoría del Caos estudia el comportamiento de los sistemas dinámicos que son altamente sensibles a las condiciones iniciales, un efecto al que se refieren popularmente como el efecto mariposa. Pequeñas diferencias en las condiciones iniciales (como las que se deben a errores de redondeo en la computación numérica) arrojan resultados ampliamente divergentes para los sistemas caóticos, haciendo imposible la predicción a largo plazo en general. Esto sucede aún cuando esos sistemas sean deterministas, lo que significa que su comportamiento futuro está determinado totalmente por sus condiciones iniciales, sin ningún elemento al azar implicado. En otras palabras, la naturaleza determinista de esos sistemas no los hace predecibles. Este comportamiento se conoce como caos determinista, o simple y sencillamente caos”.

Respecto al caos que será desatado contra los Estados Unidos si es que sucede un ataque PME, los expertos han advertido que 9 de cada 10 Estadounidenses pudieran estar muertos dentro de un año quedando el resto viviendo una pesadilla distópica en la que su gobierno podría matarlos o encarcelarlos a voluntad, planes que han sido diseñados por el gobierno para librar una guerra en contra de ellos, se han construido campos de concentración y ya se cuenta con personal para operarlos y su Presidente y su ejército tienen ya más poderes que cualquier dictador Comunista o Fascista haya podido soñar jamás.

En cuanto a qué ocurrirá exactamente el 9 de enero de 2012 cuando se espera que la Phobos-Grunt caiga a la Tierra, no lo sabemos nosotros, pero sí podemos señalar lo obvio de que aún cuando este pudiera ser el primero de los “Informes Apocalípticos del 2012”, con toda seguridad, no será el último, pues el Fin de los Días se acerca aceleradamente hacia todos nosotros.

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Nota:
¡Ay! No le hagan, yo vivo en América del Norte… Creo que voy a empezar a considerar seriamente la invitación de un amigo de Argentina de abandonar el Hemisferio Norte e irme al Hemisferio Sur, ya ven la anunciada muerte del Océano Pacífico con el problema de Fukushima, las sequías, la inminente Guerra Nuclear a todo lo que da…. Los campos de concentración con prisión indefinida…. Todo el Hemisferio quedaría intoxicado por décadas.- Se ve muy feo el futuro, verdad?


SAN VLADIMIR PUTIN: ¡SALVA A LOS ESTADOS UNIDOS Y SÁLVANOS A TODO EL MUNDO!

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Ahora copio la entrada sobre el Hemp o bomba de Pulso Electromagnético del Arco iris que publiqué aqui en este blog, saquemos conclusiónes si pudiera convertirse en también bomba del arco iris el satélite que caerá en enero de 2012.

sábado 9 de julio de 2011

El HAARP y la bomba del arco iris: cómo acabar con la civilización moderna en menos de un segundo

a ver cuando utilizan este juguetito los oscuros, en cosa de un santiamén quedaríamos aislados de todas las comunicaciónes propias de la gran mayoria de paises en el mundo (los que estuvieran viviendo en las áreas rurales no tánto o casi nada); y si a esto le aumentamos las tormentas solares próximas que se calculan gigantescas… pues ya para qué queremos “bomba del arco iris”…  (páso!..), así que estemos preparados y nos informemos.
Me hizo recordar esta arma el extraño halo de luz reportado en Hawai.

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Aurora boreal y un meteorito sobre un lago de Canadá, from antwrp.gsfc.nasa.gov
El HAARP y la bomba del arco iris: cómo acabar con la civilización moderna en menos de un segundo

Existe al menos una manera de terminar con la sociedad que conocemos y enviarnos de vuelta al siglo XIX. Sí, el HAARP tiene algo que ver, pero no lo que muchos creen.

lapizarradeyuri.blogspot.com, 21.01.10
El 9 de julio de 1962, los Estados Unidos realizaban una prueba nuclear en el espacio exterior con el nombre en clave Starfish Prime: hicieron estallar una carga termonuclear de 1,44 megatones propulsada mediante un cohete Thor a 400 km sobre el Océano Pacífico. Por aquellos tiempos ya se sabía que las explosiones atómicas a gran altitud no pueden causar daños directos en tierra, pero presentan unas propiedades especiales que fueron un secreto absoluto durante más de treinta años, hasta el extremo de convertirse en un arma clave para la guerra nuclear sin que el público tuviera ningún conocimiento de ello. Los físicos sí que se lo imaginaban aunque, naturalmente, no dispusieran de los medios para realizar el experimento, que caía dentro de las atribuciones exclusivas de sus compañeros al servicio de las fuerzas armadas. Aunque a partir de 1981 se publicaron numerosos artículos en Science y otras revistas científicas revisadas por pares, fue sólo tras el final de la Guerra Fría –cuando sus posibilidades eran ya un secreto a voces en el mundo académico– que se empezó a hablar públicamente de la cuestión.
“Eran los daños causados por el HEMP, tanto como los debidos a la explosión, el fuego y la radiactividad, lo que ensombrecía todos los estudios detallados sobre la posibilidad de recuperarse después de una guerra nuclear. Sin disponer de esencialmente nada eléctrico o electrónico, incluso en remotas áreas rurales, parecía sorprendentemente difícil que América pudiese recuperarse. La América posterior al ataque, en todos estos estudios, quedaba anclada a principios del siglo XX hasta que pudieran adquirirse en el extranjero equipos eléctricos y componentes electrónicos. Por razones obvias, todo el tema EMP era alto secreto y los seguimientos del Congreso se efectuaban a puerta cerrada. De hecho, ésta es la primera sesión de seguimiento a puertas abiertas que recuerdo.”
Dr. Lowell Wood, director de proyectos avanzados en los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, en audiencia ante el Congreso de los Estados Unidos, el 7 de octubre de 1999.

No se lo dijeron a nadie, pero Starfish Prime modificó el campo magnético de la Tierra –específicamente, el cinturón interior de Van Allen– y creó un cinturón de radiación a su alrededor que dañó tres satélites. Durante muchos años, hubo que construir los satélites artificales con mayor blindaje debido a este hecho. De manera más notoria, ocurrieron cosas extrañas en las Islas Hawaii, situadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia: se fundieron misteriosamente trescientas farolas del alumbrado urbano, se dispararon cientos de alarmas contra robo e incendio aunque no hubiera llegado ni la más mínima vibración, y el enlace interinsular de microondas de una compañía telefónica se quemó. Estas averías fueron reparadas rápidamente, sin dar ninguna explicación.

La Unión Soviética protestó, como era de esperar, aunque sólo uno de sus satélites había resultado afectado marginalmente. Lo que no dijeron los rusos es que ellos tenían ya preparada sus propias pruebas para apenas tres meses después, relacionadas con el estudio de la Defensa Antibalística de Moscú: la serie K, que se hizo estallar en Kazajistán entre octubre y noviembre de 1962, con cinco cargas de hasta 300 kilotones. La tercera prueba de la serie, denominada poco imaginativamente K-3, detonó el 22 de octubre a 290 kilómetros de altitud, no muy lejos de la vertical de Jezkazgan, mientras el resto del mundo andaba ocupado con la Crisis de los Misiles de Cuba. Los científicos soviéticos monitorizaban muy discretamente una línea telefónica aérea de 570 km para medir los efectos de aquella energía secreta que parecía hacer cosas a los sistemas eléctricos a distancias enormes; para ello, la habían dividido en varios sectores de 70 u 80 km., instrumentados independientemente.

Se puede imaginar su estupor cuando los 570 km quedaron fritos con corrientes de 1.500 a 3.400 amperios, con todos sus fusibles y disyuntores a gas, y con ellos toda la red de líneas secundarias. No sólo eso: también se incendió violentamente la central eléctrica de Karaganda, mientras 1.500 km de cables eléctricos subterráneos entre Astana y Almaty quedaban fuera de servicio, además de una cantidad incontable de daños menores. De nuevo, aquella energía secreta invisible e imperceptible había demostrado su capacidad de dañar gravemente la infraestructura civil y militar a distancias enormes mediante la sobrecarga masiva de los sistemas eléctricos y electrónicos radicalmente indispensables para cualquier forma de sociedad tecnificada.
Al año siguiente, los Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Limitación Parcial de las Pruebas Nucleares, prohibiendo todos los ensayos excepto los subterráneos, que después suscribiríamos hasta 123 países. La razón fundamental de este tratado fue reducir la cantidad de lluvia radiactiva que estaba ya contaminando toda la Tierra debido a las 331 pruebas atmosféricas norteamericanas, las 200 soviéticas y las decenas de Francia, el Reino Unido y China. Y eso estuvo bien. Aunque también hubo otra razón menos confesable: mantener esta fuerza secreta en la oscuridad, lejos del alcance de cualquier futura potencia nuclear.

Pero, ¿de qué se trataba? ¿Qué clase de fuerza extraordinaria es ésta que puede destruir el sustrato más básico de la civilización tecnológica contemporánea a lo largo y ancho de todo un continente, después de una explosión nuclear en el espacio exterior que ni siquiera llega a verse y mucho menos notarse desde tierra? Porque este arma sólo deja como prueba de su presencia unas luces multicolores bellísimas, muy altas en el cielo, que son en realidad auroras boreales: las luces del fin del mundo. Por eso la llaman la bomba del arco iris.

El pulso electromagnético de gran altitud (HEMP)

Cuando se produce un pico súbito de energía electromagnética, durante un período muy corto de tiempo, decimos que se trata de un pulso electromagnético. Podríamos afirmar que, por ejemplo, un rayo o un relámpago causan pulsos electromagnéticos naturales.

Ya en 1945, durante las primeras pruebas nucleares en Nevada, se blindaron por partida doble los equipos electrónicos porque Enrico Fermi se esperaba alguna clase de pulso de estas características generado por aquellas bombas atómicas primitivas. A pesar de este blindaje, numerosos registros resultaron dañados o destruidos. Lo mismo les ocurrió a los soviéticos y los británicos, que llamaban a este efecto radioflash.
Lo que ocurre es que, en una bomba atómica que estalla cerca del suelo, el pulso electromagnético es pequeño, tiene poco alcance y en general queda dentro del área de destrucción térmica y cinética ocasionada por el arma, con lo que no se detecta a primera vista. Pero en un explosivo atómico que detona fuera de la atmósfera terrestre, en el espacio exterior, este efecto es muy distinto y resulta amplificado a gran escala por el propio campo magnético natural terrestre. ¿Cómo es esto posible?

Esquemáticamente, el efecto Hemp.

Buena parte de la energía de una carga atómica se libera en forma de rayos gamma instantáneos. Los rayos gamma no son otra cosa que una forma de energía electromagnética de alta frecuencia; esto es, fotones como los que, a frecuencias menores, componen la luz, las ondas de radio o los rayos X. Su emisión es característica en los procesos que afectan al núcleo de los átomos o las partículas subatómicas que los forman. En una explosión nuclear, por tanto, se producen masivamente.

Dentro de la atmósfera terrestre, los rayos gamma resultan absorbidos rápidamente por los átomos del aire, produciendo calor; parte de la devastadora energía termocinética que caracteriza a las armas atómicas se debe precisamente a esta razón. Pero fuera de la atmósfera terrestre, esta absorción no se produce, porque no hay aire ni nada digno de mención que se cruce en su camino: a efectos macroscópicos, viajan por el vacío. Y siguen haciéndolo a la velocidad de la luz, hasta volverse imperceptibles en la radiación de fondo. Algunos de los objetos más lejanos que conocemos son los brotes de rayos gamma, en el espacio profundo, precisamente porque esta radiación puede desplazarse sin muchas molestias a lo largo y ancho de todo el universo.

Sin embargo, en una detonación próxima a la Tierra, la parte de esta radiación gamma que enfoca hacia el planeta viaja a la velocidad de la luz hasta alcanzar las capas exteriores de la atmósfera. Si se ha producido lo bastante cerca (típicamente, entre cien y mil kilómetros), esta esfera de radiación gamma en expansión no habrá llegado a disiparse mucho y billones de estos fotones de alta frecuencia chocan con los átomos del aire, a entre 20 y 40 kilómetros de altitud, cubriendo la extensión de un continente e incluso más. Entonces, se producen dos efectos curiosos.
El primero es que los átomos de la atmósfera resultan excitados y se ponen a liberar gran cantidad de electrones libres de alta energía, por efecto Compton. A continuación, estos electrones resultan atrapados por las líneas magnéticas del campo terrestre y se ponen a girar en espiral en torno de las mismas. El resultado es una especie de “dínamo” gigantesca, del tamaño del planeta, con un “bobinado” (los electrones libres capturados) que gira a la velocidad de la luz.
No giran mucho tiempo, pero da igual. Como consecuencia, se produce un inmenso pulso electromagnético que carga de grandes cantidades de electricidad el aire circundante y la tierra que está a sus pies. Estas cargas eléctricas ionizan intensamente la atmósfera, causando las bellísimas auroras boreales que dan nombre a la bomba del arco iris, y a continuación se abalanzan sobre todo lo que esté a su alcance con un potencial de decenas e incluso cientos de miles de voltios/metro. Especialmente, sobre los sistemas eléctricos y electrónicos.

Típicamente, el pulso así generado tiene tres componentes, denominados –de manera igualmente poco creativa– E1, E2 y E3. Ninguno de ellos tiene la capacidad de dañar de manera significativa a la materia corriente o a las personas. El E3 es un pulso muy lento, con decenas a cientos de segundos de duración, ocasionando un efecto parecido al de una tormentas geomagnética muy severa; tiende a deteriorar o dañar las grandes líneas eléctricas y sus transformadores. El E2 es muy parecido al ocasionado por el relámpago, y resulta fácilmente neutralizado por los pararrayos y otras protecciones similares contra embalamientos energéticos. El E1, en cambio, es brutalmente rápido, casi instantáneo, y transporta grandes cantidades de energía electromagnética; por ello, es capaz de superar las protecciones corrientes contra rayos y otras sobrecargas, induciendo corrientes enormes, miles de amperios, en los circuitos eléctricos y electrónicos que quedan a su alcance: miles de kilómetros de alcance.

Hemp proyectado sobre el área norte continental americano.

El resultado es sencillo: los circuitos, simplemente, se fríen de modo instantáneo por todo el continente. Esto sucede sobre todo en aquellos que están conectados a antenas (pues una antena capta tanta energía electromagnética del aire como puede) y a líneas que actúen de antena (por ejemplo, los propios cables de la red eléctrica). Pero se ha documentado también muchas veces en circuitos apagados y desconectados, pues el pulso es lo bastante intenso para inducir corriente en su interior.
Los microchips de alta integración en los que se basa toda nuestra tecnología presente, desde las grandes instalaciones industriales y energéticas hasta los aparatejos que nos compramos continuamente, son especialmente frágiles ante el componente E1 del pulso electromagnético, que quema con facilidad las uniones P-N por embalamiento térmico, tanto más cuanto más pequeños sean sus componentes. La subsiguiente dislocación de los sistemas SCADA, los controladores PLC y otros elementos clave de los sistemas que garantizan los servicios de la civilización actual puede poner fácilmente a una sociedad contemporánea de rodillas durante las primeras fracciones de segundo de un ataque así, incluso mucho antes de que empiece la guerra de verdad… en caso de que haga falta después de algo así.
Se ha documentado que esta clase de circuitos pueden quedar dislocados con pulsos de 1.000 voltios/metro y la mayoría de ellos resultan destruidos por debajo de 4.000 voltios/metro. Un arma nuclear detonando en el espacio para generar pulsos electromagnéticos puede barrer fácilmente un continente entero con un potencial de entre 6.000 y 50.000 voltios/metro, incluso con potencias explosivas muy bajas, por debajo de 10 kilotones, menos que la primitiva bomba de Hiroshima. Aunque la documentación pública al respecto es ciertamente críptica, parece como si el componente E1 fuese en gran medida independiente de la energía total liberada por el arma (a diferencia del E3, que es directamente proporcional).

El mecanismo del Hemp.

Debido a la distribución característica de las lineas del campo magnético terrestre, y dado que la generación del pulso es totalmente dependiente de las mismas, su intensidad está relacionada con la latitud. El pulso tiende a ser débil cerca del ecuador e intenso en las latitudes intermedias donde se hallan Europa, Estados Unidos, China, Japón y las áreas más habitables de Canadá y Rusia. Su impacto sería mucho más notorio en sociedades altamente urbanas e industrializadas y menor en las zonas agrícolas subdesarrolladas o en vías de desarrollo. Las ciudades, que dependen de una infinidad de servicios garantizados por estas tecnologías y son prácticamente inhabitables en ausencia de los mismos, sufrirían de manera particular. Toda gran urbe depende de sus suministros y su pujanza económica; la capacidad del pulso electromagnético inducido para desarticular los suministros y suprimir la actividad económica les resultaría letal.

Esto último nos hace observar un hecho singular: las armas de pulso electromagnético podrían ser una opción extraordinariamente interesante para países que se sientan en condiciones de inferioridad tecnológica o industrial respecto a un adversario. En un intercambio de bombas del arco iris, el bando más tecnificado e industrializado sufriría daños y dislocaciones de sus infraestructuras esenciales mucho mayor que el bando menos dependiente de la tecnología avanzada. Si las armas nucleares tienen en general una capacidad igualadora importante, las de pulso electromagnético llevan esta capacidad al extremo. Hipotéticamente, una nación agrícola atrasada y anclada a principios del siglo XIX no sufriría ningún daño por un ataque de estas características, mientras que una nación sofisticada, urbanita y avanzada sufriría pérdidas inmensas y correría grave riesgo de aniquilación.

Efectos del HEMP

“Los automóviles modernos dependen de los semiconductores y los microprocesadores; la posibilidad de que sufran daños catastróficos es, por tanto, extrema. Ninguno de los sistemas militares desprotegidos que hemos sometido a pruebas soportaba más de 10.000 voltios por metro […] Las tormentas solares, de potencia muy inferior a esta distancia, han provocado cortes de electricidad muy severos. Existen múltiples razones para creer que las partes de nuestros sistemas de comunicaciones basadas en semiconductores, es decir su práctica totalidad, serían extremadamente vulnerables a un ataque EMP. Es razonable afirmar que muchos, si no todos los sistemas informáticos modernos expuestos a campos EMP de 50.000 voltios por metro, desde los portátiles hasta los grandes sistemas, dejarían de funcionar como mínimo. Y la mayoría de ellos se quemarían. Cualquier arma nuclear de cualquier tipo [generará EMP si se detona a la altitud adecuada]”

Dr. Lowell Wood, op.cit.

 Durante un intenso ataque de pulso electromagnético de gran altitud (HEMP) un ciudadano corriente sólo notaría al principio que se ha ido la luz. Su sorpresa aumentaría al mirar su reloj (digital) de pulsera, querer usar el teléfono, encender su portátil o descubrir que al menos una parte de los coches y camiones han dejado de funcionar repentinamente y están formando grandes atascos: nada parece estar operativo. En muchas ciudades, que dependen de bombas para el correcto funcionamiento de la red de aguas potables, la presión de los grifos comenzaría a descender (y en otros puntos aumentar, hasta el extremo de reventar las tuberías). El personal de mantenimiento o emergencias que acudiera a reparar las averías e incendios descubriría que sus propios instrumentos están dañados y al menos una parte de sus vehículos inutilizados.


Así reducido ya al estado de un campesino del siglo XIX sin saberlo, es posible que nuestro amigo o amiga pasara sus primeras horas esperando a ver si vuelve la corriente, leyendo a la luz de las velas, jugando con los niños o bajando al bar (donde no funciona ni la cafetera, ni la cocina) para echar la partida sin luz. En este momento, su vida sería aún parecida a quienes experimentaron algún gran apagón. Quienes trabajen o estudien lejos de sus casas tendrían muchos problemas para regresar, y es probable que debieran hacerlo a pie.


Puede que su nerviosismo comenzara a aumentar a la mañana siguiente, al descubrir que todo sigue sin funcionar, que los alimentos del refrigerador comienzan a estropearse y que los cajeros automáticos continúan muertos. Trata de conseguir una radio a pilas, se dirige a la comisaría más próxima o a la junta de distrito a preguntar. Nadie sabe gran cosa. Corre el rumor de que ha habido una guerra. Los supermercados y la mayoría de comercios, desprovistos de cajas registradoras, suministros diarios y controles de stock y personal están en su mayoría cerrados a cal y canto; sólo quedan abiertos algunos pequeños comerciantes, vendiendo el fondo de almacén y sacando las cuentas con lápiz y papel. Se pasa por el trabajo, donde le dicen que no hay nada que hacer hasta que vuelva la luz. Los niños siguen yendo al colegio (si viven cerca), pues para dar clase sólo se precisa tiza y pizarra, pero los profesores andan un poco confundidos.


Cuando pasa por delante de un hospital, se encuentra con largas colas en las puertas de urgencias. Aparentemente, tienen problemas para atender a los enfermos, y no digamos ya cuando se precisa una intervención quirúrgica. Oye decir que se les están agotando los medicamentos más utilizados. Un poco asustado, busca una farmacia abierta para adquirir los fármacos que usa la familia. No se los quieren vender sin receta, y de todas formas algunos ya no quedan. Por todas partes hay vehículos inútiles empujados malamente sobre las aceras y arcenes. Gracias a eso pueden circular ahora unos pocos trastos viejos, anteriores a la era de las centralitas digitales y el encendido electrónico. Pasa un arcaico Land Rover de la Guardia Civil, pidiendo por megafonía a viandantes y vecinos que permanezcan en sus casas siguiendo instrucciones de la Delegación del Gobierno.
Nuestro ciudadano se asusta y decide regresar al hogar. Cuando pasa por cerca de la estación del tren, observa que allí tienen luz eléctrica. Al asomarse, descubre que han conectado una locomotora diésel-eléctrica del año de la tos, a modo de generador. Las modernas máquinas computarizadas para los AVEs y Alaris y demás redes de velocidad alta, en cambio, parecen estar inutilizadas.
En unos pocos días, a nuestro ciudadano ya no le queda comida, ni medicamentos, y el agua potable es de dudosa salubridad. La electricidad sigue sin regresar, pues las fábricas que debían construir los repuestos para hacer millones de reparaciones a gran escala también están destruidas. Se habla de que van a evacuar a la gente al campo. Pero, ¿en qué campos van a meter a los millones de habitantes de las ciudades? Desde la terraza, ve cómo se van formando las primeras colas de refugiados. Sólo entonces comprende que su vida y la de los suyos ha cambiado para siempre, propulsados a un mundo antiguo donde, realmente, ya no sabe cómo sobrevivir.
Esto no son hipótesis. Este es el tipo de daño que vemos en los transformadores durante las tormentas geomagnéticas. Una tormenta geomagnética es una variante muy suave, muy sutil, del llamado componente lento del EMP [E3].


Así que cuando estos transformadores quedan sometidos al [E3], básicamente se queman, no debido al propio EMP sino a la interación del EMP con la operación normal del sistema eléctrico. Los transformadores se queman y cuando se queman así, señor, ahí se quedan y no se pueden reparar. Deben reemplazarse, como usted apuntó, desde fuentes extranjeras. Los Estados Unidos, como parte de su ventaja competitiva, ya no producen grandes transformadores eléctricos en ningún lugar. Toda la producción está deslocalizada en el exterior.
Y cuando quiere usted uno nuevo, lo pide, y entonces hay que fabricarlo y entregarlo. No se almacenan. No hay inventario. Se fabrica, se embarca y se entrega por medios muy lentos y complejos porque son objetos muy grandes y masivos. Vienen despacio. El retraso típico desde que ordena usted uno hasta que lo tiene en servicio es de uno a dos años, y eso es si todo sale estupendamente [y tiene usted dinero para pagarlo.]

Dr. Lowell Wood, en otra comparecencia ante el Senado de los EEUU, 2005.

Uso militar del HEMP: destruyendo la civilización a continentes


“Los soviéticos planificaron un ataque HEMP muy extenso contra los Estados Unidos y otros objetivos […] Un ataque así causaría billones [europeos] de dólares en daños infraestructurales […] A finales de la Guerra Fría […] sólo la Unión Soviética tenía la capacidad de montar ataques EMP contra los Estados Unidos, y muy probablemente lo haría como el primer golpe de una lucha a muerte realizada con medios técnicos protegidos contra EMP. Las respuestas indicadas a cualquier ataque EMP eran bien claras. La capacidad soviética máxima para imponer esos ataques existe todavía en las fuerzas estratégicas de la Federación Rusa, y predigo sin duda ninguna que seguirá existiendo durante muchas décadas […] Cualquier país que disponga de un arma nuclear del tipo de las utilizadas en la II Guerra Mundial [y un cohete capaz de transportarla al espacio] puede realizar un ataque HEMP.”

Dr. Lowell Wood, op.cit. (1999)



Se ha postulado insistentemente que las armas de pulso electromagnético y otras aún más esotéricas como las de oscurecimiento constituirían el compás de apertura de la guerra nuclear. Un país así atacado a escala continental sufriría grave desarticulación de sus sistemas defensivos, y muy especialmente en sus radares y telecomunicaciones radioeléctricas. Pero, si bien todos los medios militares que se pueden proteger suelen estar protegidos, su efecto sobre la infraestructura civil resultaría tan devastador que un atacante podría optar por utilizar únicamente esta técnica para asestar un golpe terrible sin iniciar una guerra nuclear a gran escala.


Un solo cohete con una sola cabeza detonando en el espacio exterior, lejos de cualquier sistema antimisil del presente o del futuro próximo, puede provocar con facilidad esta clase de efectos a mayor o menor nivel. Hace tiempo que los científicos rusos y chinos publican abiertamente artículos sobre las posibilidades de construir armas de “súper-HEMP”, diseñadas específicamente con objeto de llevar esta clase diferente de destrucción a sus límites teóricos máximos. Para potencias que disponen desde hace décadas de tecnología de armas nucleares avanzadas, misiles balísticos y cohetes espaciales, el coste de tales opciones es ridículamente bajo. Incluso países mucho más atrasados como Corea del Norte podrían llevar a cabo un ataque de este tipo con éxito, lo que seguramente explica algunas realidades presentes de la política internacional.
Curiosamente, un ataque de pulso electromagnético sólo se puede realizar una vez, y luego hay que esperar a que la atmósfera se descargue para repetirlo: cuando el aire está altamente ionizado por la detonación precedente, los siguientes pulsos “se ponen a tierra” y no hacen gran cosa. Por este mismo motivo se prefieren armas de fisión de una sola etapa en vez de armas de fusión multietápicas, o se corre el riesgo de que el pulso generado por la pequeña carga iniciadora debilite los efectos de las siguientes etapas.
Por su capacidad para causar grandes daños en un área inmensa a un coste ridículo, de manera difícilmente evitable y con la hipotética posibilidad de desarticular por completo la sociedad atacada durante un período de tiempo indeterminado, es muy probable que este tipo de armas se utilizaran en cualquier conflicto que escalara al nivel nuclear.


Armas de pulso electromagnético no nucleares


Se han postulado diversas armas electromagnéticas de alcance reducido, con el propósito de realizar ataques selectivos contra una instalación o vehículo determinados. Ya en 1951, Andrei Sajárov y su equipo propusieron en la URSS un cierto generador por compresión de flujo mediante bombeo explosivo, que fue reproducido poco después en el Laboratorio Nacional Los Álamos estadounidense. Los generadores Marx usados en la investigación de los efectos del pulso electromagnético constituyen otra posibilidad, aunque son caros y voluminosos para una aplicación militar en el campo de batalla. Un dispositivo llamado vircator puede convertir con facilidad la energía producida por estos generadores en fuertes pulsos locales, con un alcance de decenas o cientos de metros.


No se ha documentado con claridad el uso de este tipo de armas en guerras reales, probablemente porque están envueltas en un velo de secreto, los sistemas militares suelen estar protegidos contra pulsos y las redes eléctricas civiles se suprimen con más facilidad y de manera más selectiva mediante el uso de bombas de grafito.


Defensa contra pulsos electromagnéticos


Es conceptualmente sencillo proteger una instalación o equipo contra pulsos electromagnéticos, y en ocasiones hasta barato: si la defensa se implementa en la fase de diseño, puede llegar a encarecer el producto final en cantidades tan bajas como un 5% (aunque en otros casos llegue a superar el 100%). Sin embargo, esto sólo es aplicable a determinadas instalaciones y dispositivos, y una protección fuerte contra pulsos electromagnéticos militares presenta numerosos problemas de índole práctica (y económica).


Uno de estos problemas sustanciales radica en que, para proteger una instalación o equipo contra esta clase de ataque, la única aproximación verdaderamente eficaz consiste en encerrarlo en una caja o jaula de Faraday. Sin embargo, una jaula de Faraday perfecta resulta más fácil de decir que de hacer, sobre todo cuando hablamos de instalaciones voluminosas como una central eléctrica o telefónica, una estación de transformación, una refinería o una planta industrial. Entre otras cosas, requiere un costoso mantenimiento constante, para evitar que la humedad, la oxidación o incluso cosas como pequeños corrimientos de tierra que generen grietas en el subsuelo dejen un “paso libre” al pulso.


Otro problema importante radica en que las propias redes (eléctrica, telefónica, incluso la de aguas y alcantarillado…) pueden transportar el pulso con facilidad al interior de la instalación o dispositivo. Todo contacto con el exterior debe estar defendido con componentes dieléctricos, fusibles o disyuntores ultrarrápidos –raros y caros, pues como ya hemos mencionado las protecciones contra el rayo no sirven contra el componente E1 del pulso– o, incluso, mediante el uso de equipos totalmente autónomos situados dentro de la jaula.


Resulta especialmente complicado proteger los dispositivos provistos –externa o internamente– de antenas o de cableados o circuitos que actúen como una antena, dado que la naturaleza de las mismas es precisamente captar tanta energía electromagnética de la atmósfera como sea posible. Esta clase de aparatos quedarán destruidos con facilidad durante un ataque de esta naturaleza, e incluso pueden llegar a incendiarse o estallar. Prácticamente todos los equipos electrónicos que utilizamos cotidianamente y las redes que los alimentan son susceptibles de actuar como una antena.


Investigación de los pulsos electromagnéticos


Los procesos y efectos de los pulsos electromagnéticos de gran altitud se estudian fundamentalmente por dos vías. Una de ellas son los generadores Marx, capaces de inducirlos localmente sobre los equipos que se desea poner a prueba. De esta forma, se pueden descubrir sus efectos sobre cada aparato específico y sobre las protecciones que se les puedan haber implementado. Pese a que estos equipos son costosos y muy voluminosos, son numerosos los países que han trabajado con los mismos: Estados Unidos, la URSS y luego Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Suiza e Italia.

Para comprender la manera como se generan estos pulsos y otros fenómenos similares de utilidad tanto civil como militar se utilizan las instalaciones del tipo del HAARP, tan del gusto de los conspiranoicos (aunque nunca sean capaces de acertar a qué se dedican realmente, y desde luego no tiene nada que ver con los terremotos). Tanto el HAARP norteamericano (con su potencia de 3,6 MW… hay cadenas de radio que emiten más energía) como la instalación rusa de Sura (190 MW, 53 veces más) o el EISCAT europeo (cerca de un gigavatio total) y algunos otros de menor potencia son equipos de calentamiento ionosférico por radiación electromagnética. Estas instalaciones permiten simular de manera limitada el bombeo de rayos gamma y X en las capas exteriores de la atmósfera característicos de una carga nuclear EMP (y también de un montón de fenómenos naturales, como la radiación solar).


Sin que el mundo lo supiera, las principales potencias han dispuesto durante más de cuarenta años de un arma capaz de acabar con la civilización tecnológica moderna en apenas una fracción de segundo. En vez de corregir discretamente esta debilidad, la evolución de las sociedades y los mercados hacia unas tecnologías cada vez más delicadas y una economía donde se tienden a presionar todos los costes a la baja han magnificado el riesgo de que un ataque así suprima radicalmente los medios técnicos de una nación moderna y la envíe de vuelta al siglo XIX… en un tiempo donde ya nadie recuerda cómo se sobrevivía en el siglo XIX. Al igual que ocurre con las armas nucleares, no hay manera de desinventar el pulso electromagnético; sólo queda protegerse contra él. La pregunta es si queremos. Si queremos pagarlo, claro.


Lee también la adenda a este artículo, con detalles y precisiones importantes (23 de enero).
http://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/01/el-haarp-y-la-bomba-del-arco-iris-como.html


Tags: a 400 km sobre el oceano pacifico, a casi mil quinientos kilometros, con cinco cargas de hasta 300 kilotones, con todos sus fusibles y disyuntores a gas, el tratado de limitacion parcial de las pruebas nucleares, en 1962 los estados hicieron estallar una carga termonuclear de 1.44 megatones, en kazajistan entre octubre y noviembre de 1962, en un explosivo que detona fuera de la atmosfera terrestre, la union sovietica probo la serie k, los 570 km quedaron fritos con corrienes de 1500 a 3400 amperios, los atomos de la atmosfera resultan excitados, los circuitos simplemente se frien de modo instantaneo, los daños causados por el emp ensombrecian todos los estudios, mantener esta fuerza secreta en la oscuridad, ocurrieron cosas extrañas en hawaii, pico subito de energia electromagnetica, pulso electromagnetico de gran altitud (hemp), resulta amplificado por el propio campo magnetico natural terrestre, se libera en forma de rayos gamma instantaneos, sobre la posibilidad de recuperarse depsues de una guerra nuclear, stafish prime modifico el campo magnetico de la tierra, un arma clave para la guerra nuclear, una especie de dinamo gigantesca del tamaño del planeta, una opcion extraordinariamente intereante para paises en inferioridd tecnologica o industrial, y creo un cinturon de radiacion, y se ponen a liberar gran cantidad de electrones libres de alta energia, y toda la red de lineas secundarias


This entry was posted on Domingo, Enero 31st, 2010 at 11:07 am and is filed under Bajo Control, Energia, Entradas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

tomado de: http://ecoturismoesoterico.blogspot.com/2011/07/el-haarp-y-la-bomba-del-arco-iris-como.html

 
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