¿SON FALSOS LOS CRANEOS DE CRISTAL?

¿Y que pasó con el asunto de las Calaveras mayas de Cristal?

Asi que deberemos ir suponiendo (porque a pesar de que investiguen e investiguen ¡NADA HAY CONCLUYÉNTE!) que ni son mayas algunas, ni mágicas, ni nada relacionado con el 2012, etc. etc. … ¿y todo el alboróto que hicieron antes algunas gentes?
Bueno, leámos abajo otra aportación más de investigación.
Al parecer muchas de esas calaveras “aparecidas” son fálsas en el sentido que se les atribuían procedencias precolombinas y mayas… pero también son reales y verdaderas porque “EXISTEN” AQUI EN ÉSTA TERCERA DIMENSIÓN, Cláro!. 
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En 2008 y auspiciado por el éxito del film de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, el canal de televisión National Geographic decidió realizar un exhaustivo reportaje sobre la talla de Mitchell-Hedges y llegar hasta el fondo de la cuestión. Tras el fallecimiento de Anna (2007), el propietario del cráneo era Bill Homann que gustosamente se prestó a que le realizaran cuantas pruebas fueran necesarias para demostrar de una vez por todas si era una reliquia arqueológica antiquísima. Con unos despliegues nunca vistos antes, la “Calavera de la Muerte” fue examinada detenidamente utilizando, entre otros medios, un potente microscopio electrónico. Así se ratifico los primeros exámenes efectuados por H-P en los años setenta, que determinaban que el cráneo no poseía ninguna marca de herramienta que evidenciara como se había efectuado, lo que en si mismo representa una buena incógnita. No obstante los expertos consultados por National Geographic, en el reportaje titulado “La Leyenda de la Calavera de Cristal”, relataron que para confeccionar la talla se había utilizado “pasta de diamantes para los cortes” y que probablemente fuera de finales del Siglo XIX, utilizándose para su ejecución “instrumentos mecanizados como por ejemplo los utensilios de un dentista”.
Aunque a medida que avanza el documental los mismos especialistas reconocen, contradiciendo su anterior aserción, que el cráneo de Mitchell-Hedges, pudiera haberse elaborado a partir de 1930, afirmando en todo momento que se trata de un fraude arqueológico. Por otro lado, en el documental hacen hincapié en la poca credibilidad que otorgan al relato del explorador ingles que a su vez, todo hay que decirlo no aportó, en su día, ninguna documentación para aclarar el asunto. A favor de ésta tesis hay que indicar que la versión del hallazgo no se ha mantenido homogénea a lo largo de los años y ha sufrido algunas variaciones, por lo que es certero sospechar que el supuesto descubrimiento de Lubaantún pueda ser una farsa. Otra de las hipótesis barajadas es que Mitchell-Hedges comprara la calavera de cristal para regalársela a Anna el día de su 17 cumpleaños, justamente cuando fue encontrada.


Eugene Boban, anticuario francés por cuyas manos pasaron miles de piezas arqueológicas de Centroamérica, es señalado como uno de los perpetradores del fraude de las calaveras de Cristal. De hecho fue poseedor de tres de ellas, dos de las cuales acabaron en vitrinas de museos europeos.
Pero si analizamos en profundidad todo lo expuesto por los científicos consultados por el conocido canal televisivo nos daremos cuenta de algunos errores de bulto, que quizás, pretendan enmascarar un resultado aventurado. O al menos se puede comprobar que no realizaron todas las gestiones oportunas para esclarecer definitivamente el enigma, dejando de lado algunas cuestiones básicas y lógicas en un estudio como el que se pretendía realizar. Para empezar no deja de ser curioso que en ningún momento del reportaje concreten como se ha podido realizar la talla de manera tan perfecta. Es mas, no exponen siquiera una teoría fundamentada y detallada sobre el autor y origen de la pieza, limitándose vagamente a hablar de herramientas de muela e instrumentos de dentista. No realizan, ni siquiera en plan teórico, una réplica de la calavera para demostrar como pudo realizarse en las fechas estimadas por los especialistas del reportaje. E incluso, sería muy interesante que duplicaran la “Calavera de la Muerte” con la ayuda de nuestra avanzada tecnología de tallado. No averiguan, o al menos no queda claro del todo, la procedencia del cuarzo que compone el cráneo cuando sin embargo celebran que la talla británica pertenece a un yacimiento de Madagascar. No exponen la opinión de expertos y joyeros que podrían determinar al menos una fecha aproximada de ejecución para la talla, analizando el aspecto y pulido de la misma y valorando que tipo de herramientas debieron utilizar los artesanos.
Se echan muy en falta las aplicaciones informáticas en la ejecución de todo el reporte, puesto que no efectúan un escaneo en tres dimensiones del cráneo para comprobar la perfección y ejecución del acabado (una técnica similar fue utilizada para constatar la esfericidad de las grandes esferas rocosas de Costa Rica). Y para terminar no se concluye la tarea emprendida en 1936 por el antropólogo G. M. Morant que argumentaba que la calavera de Mitchell-Hedges (llamada entonces de Burney) y el “cráneo británico” tenían puntos en común y probablemente el segundo fuera una copia del primero. Aunque fue un artículo discutido, poco reconocido e incluso erróneo en algunas apreciaciones, no estaría mal que a la luz de las nuevas tecnologías se emprendiera una comprobación de dicha tesis que no deja de ser sugerente. Es muy extraño que dentro de un reportaje destinado a desentrañar los misterios de la “Calavera del Destino” se hayan suprimido todos estos puntos vitales para determinar la naturaleza y origen del cráneo. Aunque no son los únicos puntos oscuros en la investigación emprendida por el citado canal. Se sabe a ciencia cierta, por los registros existentes, que las tallas del Bristish Museum y del Museé Quai Branly son de finales del Siglo XIX, por tanto habría que clarificar quién estaba en disposición de elaborar, y con que propósito, las calaveras de cristal en esas fechas y si era posible manufacturarlas.

En el caso del cráneo de Hedges, se toma como fecha de antigüedad, no la del hallazgo, puesto que no hay documentación al respecto, sino la de la aparición en la revista Man en 1936. ¿Era posible realizar ésta talla a mediados de los años treinta?. Los análisis de Hewlett-Packard y de National Geographic han coincidido en que no existen ningún tipo de marcas, señales ni ralladuras que puedan determinar como se han ejecutado los cortes o pulido de la pieza y la opinión unánime de los especialistas coinciden al señalar que el cráneo es una obra maestra de la joyería. Aunque hayan hablado de “pasta de diamantes para los cortes” es una simple suposición y no una certeza como han pretendido hacer creer al desprevenido televidente. En lo único que se basan para afirmar que son tallas recientes, sobre todo en el caso que ilustraban especialmente, el de la calavera de Mitchell-Hedges, es que no se ha podido realizar en fechas remotas, ya que afirman haber encontrado marcas de herramientas modernas.

A éste respecto el especialista Michael D. Coe, de la Universidad de Yale (Connecticut, USA) aseguraba que “el hallazgo (en los cráneos) de marcas de ruedas (de maquinaria) no son pruebas de que los cráneos son modernos”. Tampoco tiene explicación lógica que la fecha de la elaboración de la talla, supuestamente hallada en Lubaantún, se vaya adelantando hasta prácticamente hacerla coincidir con la época de su presentación en sociedad en las páginas de una revista de divulgación científica a mediados de los años treinta. Datación muy “sui generis” que aplican a todos los cráneos y que realmente no necesita de tanta investigación y encuesta, puesto que podría resumirse como; fecha de aparición pública de la calavera, fecha de elaboración. Hay que recordar que desde 1878 el museo de Francia exhibe su pieza y se decía que Eugene Boban tenía 3 calaveras en su poder antes de esa fecha. Y hay que reseñar que el anticuario francés durante su estancia en México se mostró siempre enemigo de las falsificaciones arqueológicas como denunció en un periódico local en 1881.

Tampoco se recuerdan las palabras de Allan Jobbins un experto en piezas de joyería del Museum British que analizó la “Calavera del Destino” para un documental de Arthur C. Clark en la década de los setenta, aseverando que, aunque creía que era un trabajo posterior a 1700: “no hay evidencias de que se haya usado herramienta metálica, no hay evidencia positiva (…) pero podía haberse disfrazado hábilmente (…) Es una obra hábil y muy sofisticada. Si fue realizado por personas primitivas es asombroso porque el nivel de tallado a mano es de primerísima calidad (…)”. También añadió que incluso con el auxilio de las técnicas contemporáneas se debió necesitar mucho tiempo para su tallado. Jobbins, siendo honesto pese a su gran escepticismo, admitía que le era imposible determinar el origen del cráneo.

Por contra, la información que ofrece el canal National Geographic en internet sobre su producción televisiva es contradictoria con lo que podemos ver en las pantallas: “de la mano de especialistas, seremos testigos privilegiados del proceso de identificación de las piezas, un análisis llevado a cabo por verdaderos expertos, que aporta la conclusión definitiva sobre el origen de las calaveras confirmando una sospecha largamente acariciada: No se trata de objetos de arte precolombino ni de ningún tipo de restos arqueológicos. En realidad, los cráneos se fabricaron en Europa en el siglo XIX, utilizando diferentes tipos de manufacturas relacionadas con las que suelen emplearse en joyería”.

Nada de esto aparece en el documental puesto que no interviene ningún joyero ni se muestra ninguna talla similar y muchísimo menos se certifica que todas las calaveras son de finales del Siglo XIX. Incluyendo que la autoría europea tampoco queda clara ni señalada ya que se habla genéricamente de Francia y Alemania como posibles orígenes.

Por tanto, las conclusiones de los especialistas denotan que los cráneos no pertenecen a ninguna cultura precolombina, pero, por el momento, se desconoce por completo la autoría de los mismos.
Parece que los expertos de National Geographic, en contra de lo que pueda suponerse tienen aún muchas piezas sueltas en su particular rompecabezas. Evidentemente, la ausencia de mayor documentación sobre la procedencia exacta de los cráneos y la carencia de datos contrastados de las expediciones que los descubrieron arrojan mucha incertidumbre al asunto. Es significativo que los cráneos de cristal existentes en el mundo, incluido el de Mitchell-Hedges carezcan de pasado “contrastable” académicamente, y no exista ni la mas mínima posibilidad de comprobar que proceden de una excavación arqueológica. La desconfianza esta muy justificada, pero ello no es motivo ni razón para que no se realicen los estudios y análisis correspondientes que verifiquen sin lugar a la dudas la verdadera naturaleza y origen del denominado “Cráneo de la Muerte” que a juicio de todos los profesionales es el de mayor importancia. Aunque su procedencia pueda estar lejos de Centroamérica su sola presencia justifica que se intente esclarecer con mayor exactitud quién pudo realizar la talla. La extraordinaria perfección y belleza de calavera “descubierta” o más probablemente “comprada” por Mitchell-Hedges bien merece el esfuerzo.
Cráneo de cristal realizado en 1996 por Georg Brandt, convencido que todas las tallas existentes en el mundo han sido realizadas por joyeros modernos. La calavera pesa 1600 gramos y el cuarzo pertenece a un yacimiento de Madagascar (África). Esta valorado en 10.000 dólares.
Quizás la teoría mas plausible y que debería investigarse en profundidad, sería la de los joyeros alemanes, que podría explicar el origen de los cráneos de cristal. Algunos estudiosos señalan como autores de las tallas a los artesanos de la ciudad Idar-Oberstein, en el sur de Alemania, que utilizaban para sus creaciones, antes de las importaciones, cuarzo de los Alpes suizos, en incluso dan una fecha de elaboración de las calaveras entre los años 1867 y 1886. En Idar-Oberstein desde el Siglo XVI se dedican a la alta joyería y muchas de sus obras de arte se comercializaban sin señalar a sus autores, por lo que podría explicarse la poca información existente sobre los cráneos y sus talladores. Un artista contemporáneo de la citada localidad germana, Georg Brandt, está plenamente convencido que las calaveras que exponen los museos fueron realizados por sus antecesores. Por ello en 1996 se embarcó en la realización de una calavera de cristal de cuarzo a tamaño natural, que logró reproducir con gran perfección, con ayuda de ruedas de madera, polvo de diamantes e instrumental de dentista… pero ¿era posible esto hace 72 años?, ¿qué resultaría de comparar ambas calaveras? . No deja de ser curioso que el documental “La Leyenda de la Calavera de Cristal” concluya con una frase paradójica que rompe el eje fundamental de la investigación; ¿quien las fabricó y por qué?… sigue siendo un misterio.

EL AUTOR pertenece a la última hornada de investigadores, escritores y reporteros centrados en el mundo de las paraciencias surgidos a principios de la década de los noventa en España. Ha publicado mas de 100 artículos de investigación sobre OVNIS, criptozoología, arqueología y otras cuestiones relacionadas con lo heterodoxo. Actualmente colabora en la Revista ENIGMAS y otros medios: Prensa/Radio/Televisión.

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