OJOS PUESTOS EN EL SOL PARA EL 2011













DIC 29, 2010

El 2011 será un año importante para el clima espacial debido a que el Sol actualmente está despertando de un período de baja actividad y se adentrará en un período de turbulencia, el cual ha sido tan esperado por los astrofísicos, que muchos de ellos piensan será un período posiblemente destructivo.

Muchas personas se sorprenderán al saber que el Sol, en lugar de quemar con coherencia impecable, pasa por momentos de calma y violencia. Sin embargo, dos siglos de observaciones de las manchas solares (manchas oscuras en la superficie solar que están vinculadas a poderosas fuerzas magnéticas) han puesto de manifiesto que nuestra estrella sigue un patrón de comportamiento cíclico de aproximadamente 11 años.
El último ciclo se inició en 1996 y por razones que no están claras ha llevado más tiempo de lo esperado para que finalice. Ahora, sin embargo, hay señales cada vez más que el Sol está sacudiendo su apatía, dirigiéndose hacia el “máximo solar”, o el clímax del ciclo, dicen los expertos. “La última predicción indica que la fase máxima del ciclo solar ocurrirá a mediados del 2013″, dijo Joe Kunches del Centro de Predicción del Clima Espacial de la NASA.
Pero hay un largo período de alta actividad, “más como una temporada, con una duración de dos años y medio”, advirtió. En su punto más violento, el Sol puede vomitar mareas de radiación electromagnética y materia cargada conocidas como eyecciones de masa coronal o CME. Esta onda de choque puede tardar varios días en llegar a la Tierra. Cuando llega, choca contra elcampo magnético de protección del planeta, liberando destellos de energía visibles en las latitudes altas y bajas; un fenómeno conocido como aurora polar (aurora borealis cuando el fenómeno es observado en el hemisferio norte y aurora austral cuando es observado en el hemisferio sur).
Sin embargo, las eyecciones de masa coronal no son sólo eventos hermosos. Pueden desencadenar descargas deelectricidad estática y tormentas geomagnéticas que pueden interrumpir o incluso eliminar el mundo electrónico del que nuestra sociedad urbanizada depende. Aunque menos temidas, las erupciones solares o las erupciones de protones super-cargados tambien pueden llegar a la Tierra en cuestión de minutos y causar serios problemas.











En la línea del frente están los satélites de telecomunicaciones en órbita geoestacionaria, a una altitud de 36,000 kilómetros (22,500 millas) y los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), satélites que orbitan a 20,000 kilómetros (12,000 millas) de los que aviones y barcos modernos dependen para la navegación. En enero de 1994, las descargas de electricidad estática afectaron -por cinco meses, y un costo de 50 millones de dólares- al Anik-E2un satélite de telecomunicaciones canadiense.
En abril de 2010, Intelsat perdió al Galaxy 15 (un satélite que proporcionaba comunicaciones para América del Norte), después de que el enlace de control en tierra fuera eliminado por la actividad solar. “Estos son dos ejemplos clásicos de daños causados por el Sol”, dijo Philippe Calvel, un ingeniero de la empresa francesa Thales. “Ambos fueron causados por las CME”. En el 2005, los rayos X de una tormenta solar interrumpió las comunicaciones satélite-tierra y señales del GPS durante unos 10 minutos. En la Tierra, las líneas eléctricas, conexiones de datos e incluso gasoductos y tuberías de petróleo son potencialmente vulnerables.
Una alerta roja temprana del peligro de las tormentas solares se produjo en 1859, cuando la mayor CME jamás observada desató auroras rojas, moradas y verdes, incluso en las latitudes tropicales. La nueva tecnología de moda en la época era el telégrafo, este servicio “se volvió loco”. Corrientes inducidas geomagnéticamente en los cables del telégrafo electrocutó a muchos de los operadores, incluso provocó fuegos en el papel del telégrafo.
En 1989, un brote mucho más pequeño dejó sin electricidad al generador canadiense Hydro Quebec, causando un apagón de nueve horas afectando a seis millones de personas. La recurrencia de un evento hoy en día como el del 1859 freiría unos 350 transformadores principales, dejando a más de 130 millones de personas sin energía eléctrica. Podría costar entre uno y dos billones de billones de dólares en el primer año, y la recuperación completa podría tardar entre cuatro y 10 años.
“Creo que hay algo de hipérbole sobre estos efectos draconianos”, dijo Kunches. “Por otro lado, hay mucho que no sabemos sobre el Sol. Incluso en la fase de declive, supuestamente, o calma, puede ocurrir que campos magnéticos en el Sol se concentren con muy alta energía durante un tiempo, y podría haber actividad eruptiva de la nada, que sería algo atípico. En resumen, tenemos una estrella variable y temperamental”.
Fuente: AFP

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