NAHUALISMO en Chiapas, LAS CABEZAS RODANTES DEL MAL





…ÁAHH..! “el chanti..”!, cómo no recordarlo!, era éste un indio de la etnia zóque de la zona central de chiapas, que al parecer tenía fama de convertirse en guajolóte o marráno, sí, de no ser porque me lo platicó mi madre no lo hubiera creído, cláro, es muy posible que de buena fe la señora, una vecina, se lo halla dicho y mi madre creído… pero sí hay nahuáles allá.

Mi casa en Tuxtla Gutiérrez (la capital del estado de Chiapas) colindaba con otra en la que habitaba una familia autóctona zóque, que regularmente en el transcurso del año celebraban fiestas provenientes de un pueblo mayormente indígena llamado Copóya, a unos cuantos minutos de la capital, pero que celebraban también en la ciudad, recuerdo: …cuando hacían sus fiestas; “la fiesta de la virgen de la copoyita”, se oían las 24 horas música de marimba tambor y pito (éste último una fláuta hecho de carrizo) y las procesiónes que hacían con “sus enramadas” y “ensartas de flor de mayo”), tapaban la calle para que no pasaran los autos, previo permiso del ayuntamiento; eran maratónicas.

Pues “el chanti” se le veía con su botella de aguardiente, bailando con su morral, y tocando siempre su tambor y pito; decía la vecina a mi mamá, que una vez, una tarde, tuvo que sacarlo a escobázos a la calle, ya que se encontraba dentro de la casa debajo de su mesa, convertido en jolóte!! jaja! (o estaría bien “bola” – ésto es, borrácha, la señora?, sábe!), verlo para creerlo pero no estaba yo ahí para presenciar la transformación.. para ellos, los indios Zóques, este fenómeno, el convertirse en animal, era habitual en algunas personas que lo hacían y eran llamados simplemente “brujos”.

hasta aquí lo dejo, a la memoria de mi difunto “Chanti”, que en paz descanse su atormentada alma, ya que era alcohólico, pero al parecer murió “en su ley”; jamás se supo se arrepintiera de su emfermedad. Me daba miedo verlo de niño, ya que sentía predilección por acercarse a estos.

Anexo el texto de “las cabezas rodantes del mal”, pido discúlpas de antemano en los errores de captura propios.

LAS CABEZAS RODANTES DEL MAL
Prudencio Moscoso Pastrana


Las cabezas rodantes del mal

Conforme avanzan los tiempos cobra mayor actualidad lo que en el ámbito de la literatura es conocido con el nombre de “realismo fantástico”. Las ciencias de hoy – nos dice Louis Pawels -, en el prólogo de su libro El retorno de los brujos, si las abordamos sin conformismo científico, dialogan con los antiguos magos, alquimistas y taumaturgos. Se produce una revolución ante nuestros ojos, y es la del inesperado matrimonio de la razón, en la cima de sus conquistas, con la intuición espiritual.
Ni la sociedad más desarrollada puede escapar al desafío de pretender extraer lo inexplicable de lo explicable, o lo explicable de lo inexplicable del mundo sobrenatural, de esa parte que se asocia con las ideas de la existencia y que intenta descubrir lo que hay después de la muerte.

Los pueblos indígenas de México, herederos de toda esa tradición cultural, guardan celosamente en sus estructuras religiosas, secretos acerca de lo sobrenatural. Secretos que poco a poco van siendo conocidos y estudiados, en un intento por interpretar este realismo fantástico de las comunidades. Versiones orales que se van transmitiendo de padres a hijos, como una herencia íntima de la vida familiar.
En ese diálogo de los científicos con los poseedores de estas herencias que controlan, que curan, que escenifican la contienda fatal entre lo bueno y lo malo, entre la cura y la maldad, nos encontramos con investigaciones como la de Los chamanes de México, de Jacobo Grinberg – Zylberbaum, que advierten la posibilidad de clasificarlos, como nahuales, chamanes, psicólogos autóctonos, curanderos o médicos tradicionales y aprendices.

Así también, Alfonso Villa Rojas, en sus Estudios Etnológicos de los mayas, menciona el relato de Alfonso Gámez Ichiloc, de Oxchuc, en el que explica su propia concepción del mukul chulel o “alma grande”, de la siguiente manera:

El alma que come el nahual es como pollito, si es de nido; como una gallina, si es de mujer, y como gallo si es de hombre. A veces esta alma sale a pasear solita y, sin darse cuenta, se asoma al lugar donde se reúnen los nahuales, entonces se la comen y la persona a quien pertenecí¬a deja de existir.
Versiones como estas, que buscan explicar de manera descriptiva el concepto de alma, asociándola con la de un animal, se van incorporando como narraciones míticas. Éstas resultan ser versiones populares que tienen su fundamento en elementos claves de la cultura; representando al principio, la interpretación humana producto de una concepción individual, para posteriormente convertirse en sentimientos colectivos. Precisan Hubert y Mauss, citados por Alfredo López Austin:

“La magia y la religión se refieren a seres y a cuerpos; nacen de necesidades vitales y viven de afectos reales.” el mito del origen del sol y de la luna, la concepción de la lluvia, del trueno, la creación del mundo, el orígen del hombre”.

En este contexto encontramos el trabajo del maestro Prudencio Moscoso Pastrana, denominado “Las cabezas rodantes del mal”. Todo un esfuerzo del maestro Moscoso Pastrana por profundizar en el estudio de la brujería y el nahualismo en los Altos de Chiapas; por penetrar al mundo misterioso, místico, pleno de superticiónes de los ritos del nahualismo, presente en esta región tan importante y vital del estado de Chiapas.
Prudencio Moscoso es un gran conocedor de la vida indígena de los Altos de Chiapas. Testimonio de este amplio conocimiento de los chiapanecos son sus escritos publicados en revistas especializadas y sus libros editados desde el año de 1942.

Nace el 6 de marzo de 1913 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. A los 13 años de edad ingresa a la Escuela Preparatoria del estado. De 1937 a 1973 imparte historia en la escuela de Enseñanzas Especiales de San Cristóbal; 36 años de su vida los dedica a enseñar.
Prudencio Moscoso se entrega a la tarea de escribir a partir de su gran pasión por la lectura que lo impulsa al estudio y a la investigación de los acontecimientos más relevantes de la entidad, gran coleccionista de manuscritos, libros antiguos, periódicos, monedas, timbres y, sobre todo, de amigos, investigadores y estudiantes con los que ha compartido el acervo de su biblioteca y sus descubrimientos.

Desde su breve “Breve historia de la astronomía”, escrito publicado en el año de 1942 en el boletín de la Sociedad Científica, Literaria y Artística de San Cristóbal de Las Casas, pasando por sus ensayos sobre “El problema indígena en los Altos de Chiapas”, “El complejo ladino de los Altos de Chiapas” y sus libros “El pinedismo en Chiapas, Jacinto Pérez Pajarito, el último líder chamula”, “La medicina tradicional en los Altos de Chiapas”. “La tierra lacandona, sus hombres y sus problemas”, hasta estas historias de brujerías y nahualismo en los Altos de Chiapas, que forman parte del libro “Las cabezas rodantes del mal”, el maestro Moscoso Pastrana conserva un estilo muy propio y sus obras reflejan esa manifiesta preocupación del investigador acucioso que aspira a conducir al lector por los caminos descubiertos; por ese camino de la cosmovisión y de la metafísica, de la de la Antropología, de la Historia; por esos caminos propios del estudioso entregado a su trabajo de dar vida y actualidad a los acontecimientos de un pueblo como el nuestro que se resiste a perder sus tradiciones, su historia, su pasado.

El maestro Moscoso Pastrana aborda en las cabezas rodantes del mal todos esos mitos o realidades fantásticas relacionadas con la idea de la unión de lo humano con su nahual, de la transformación de un ser humano en nahual o en cualquier otro animal: tigre, mariposa, león, coyote. Advierte la lucha de “brujo contra brujo”, la creencia generalizada de que “el alma sale” del cuerpo, y el poder de la “Coca Cola” y sus cualidades curativas en los ritos de brujería.

No permite que se le escapen los detalles en el universo y en el espacio de la investigación. Describe los secretos de la mezcla de ajos, sal, tabaco y dos litros de agua, usada para terminar con la bruja que “está entregada a hacer el mal”.

Trata el maestro Moscoso el tema de las curaciones de espanto o de susto. Ofrece al lector interesado la relación completa de todas aquellas cosas con las que debe contar para su tratamiento, como son velas, pinos pequeños, juncia verde, ramas de tilil tierno, sáucos, tecomate, aguardiente y pollo. Si el espanto es de mujer, será un pollo blanco y si es de hombre, un pollo colorado.

Así también transcribe las oraciones necesarias para liberar el alma del enfermo, que van desde el ruego a “Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo”, hasta el lamento de: “Escucha mi plegaria. Heme aquí hincado. Siente quebrantamiento en su cuerpo. Llegó un dolor. Llegó un quebranto.” Para finalizar en el consuelo y en la proposición de: “No pongas tristeza. No pongas a pensar más en tus hermanos, a tus padres, a tus progenitores”.

Encontramos en el trabajo de Moscoso toda una riqueza informativa sobre la brujería y su perversión, con las oraciones para causar o echar el mal, con las oraciones para curar el mal echado y vencer la envidia.
Expresiones como “Señor de la cueva, Señor del cerro, Señor de la montaña, Señor del día, concédanme, perdónenme, que yo dirija mi voz, mi ruego hacia ustedes, para que sufra lo doloroso de un gemido, cáigase sobre la tierra, su cuerpo, su esencia…”

Aparecen relatos, como los de Agustín Méndez, originario de Chamula, que se refieren a las formas que utilizan los “envidiosos” o deudores de mala fe para causar daño, ya sea mediante el dinero o el maíz prestado. En razón de esto, se recomienda no dar prestado, mucho menos dinero en efectivo. Por lo que; para protegerse de la envidia, se hace necesario rezar frente a una docena de velas y encomendarse a todos los santos.

En Chamula- nos cuenta aquí el maestro Moscoso, – se cree en la existencia de las espantosas y temibles calaveras, que son el resultado de las conversiones de los brujos para adueñarse de la noche y causar daño a las personas que se encuentran caminando durante la noche.

El relato de la mano que se desprende del cuerpo, la de los poshlónes o bolas de fuego que revelan la pelea entre dos brujos rivales, la forma en que los chamulas matan a un nahual, por momentos nos aproximan a la fantasía para luego empujarnos al abismo del convencido que no encuentra fácil explicación para fenómenos de esta dimensión y características.

El trabajo de Prudencio Moscoso, no se circunscribe a los límites del relato, sino que también relaciona el protagonismo profético de los brujos y curanderos de Chamula con los grandes acontecimientos de los eclipses y terremotos. La naturaleza no solamente conmueve a los brujos y curanderos sino que los condiciona, al extremo de que consideran al temblor como “un castigo de Dios les ha enviado a ellos” y por eso acostumbran rezar inmediatamente en una cueva, para pedir la protección de los malos espíritus.

La prolongación de la vida a través de la brujerìa, así como la curación de las enfermedades en que no interviene la brujería, constituyen parte de las preocupaciones de los brujos y curanderos. Por lo que se puede entender que no están únicamente preparados para hacer el mal sino también para atender las enfermedades y aceptar el reto de prolongar la existencia a gente de edad avanzada que desea vivir algunos años más.

Prudencio Moscoso cierra la primera parte de su libro con elementos que permiten distinguir a todos aquellos que poseen la vocación para ser brujos; la técnica del pulsar y sentir “cómo la sangre habla”: la cermonia de iniciación del aspirante a brujo y la penetración a la cueva, que es la entrada al inframundo, y la caravana de tres días recorriendo cuevas y cerros encantados que nos dan un idea del camino que se sigue para ser brujo en Zinacantán.

En la segunda parte nos ofrece una colección magistral de versiones de Brujería en Cuxtitali, La Ventana; San Ramón, Koatixtik, Piedrecitas, La Garita, Yaxlumil V´o, lugares de San Cristóbal de Las Casas y parajes de Chamula; así como sucesos relacionados con Manuel Díaz Gámez, Antonio Gámez Gámez, Juan Hernández “Mechij”, originarios de Chamula.

Por su parte, nuestro apreciado cronista de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, y profundo conocedor de la vida de la región de Los Altos de Chiapas, ha cumplido.

El resultado de ese intenso trabajo sobre la brujería y el nahualismo proyectado en este libro de Las cabezas rodantes del mal ahora queda a consideración de los lectores. Cada uno de estos episodios y relatos, historias y mitos forma parte de la realidad de los chiapanecos de esta región de Los Altos. Sus mitos , las versiones populares, tienen carta de naturalización en la sociedad. Son parte de una forma de ver el mundo; producto y productora de esa visión. Por eso coincidimos con López Austin en cuanto a que, en muchas ocaciones, creencia y conocimiento se confunden.

Advertimos, a partir de estos elementos, que a nuestra sociedad chiapaneca nada de lo tratado en las cabezas rodantes del mal puede resultarle ajeno o lejano, por el contrario muchos de estos relatos enriquecen su conocimiento acerca de los mitos que le han permitido construir su presente, que le servirán para buscar un punto de partida para mejorar su condición humana, de acuerdo con las exigencias de los nuevos tiempos.

Jorge Enrique Hernández Aguilar

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, junio de 1990
…………

INICIO DEL RELATO por Don Prudencio Moscoso:

Para documentarse acerca de lo que se conoce por “las cabezas rodantes del mal”, nombre que da título a esta obra, tropezamos con algunas dificultades que, al principio, creemos serán insuperables obstáculos, dado el marcado hermetismo que nos manifestaba la probable informante, que vivía en un paraje que en lengua tzotzil se conoce con el nombre de Kaatistik, perteneciente al municipio de Chamula.

Esta persona, cuyo nombre intencionalmente no revelamos, por habérnoslo así pedido ella con insistencia, era una de las muy contadas gentes que podían describirnos estos actos de brujería, con verdadero conocimiento de causa.

A pesar de las dos primeras negativas, insistimos en nuestras visitas, siendo indispensable llegar varias veces a la casa donde vivía, hasta que, finalmente, fue posible obtener el ansiado relato, ya que, de tales actos, los escasos datos que teníamos eran muy vagos y del todo imprecisos.

De manera que, durante una de las últimas visitas, y estando tranquilamente sentados frente a una anciana indí¬gena de cabello casi blanco pero con gran lucidéz mental, le pedimos nos hablara sobre ese misterioso tema de las “cabezas rodantes del mal”.

El relato que aquella bondadosa mujer nos hiciera, ya para entonces con la mayor buena voluntad y disposición, fué el siguiente:

“La anciana chamula comenzó por contarnos que ella había tenido amistad con un matrimonio en que la mujer era bruja y podía hacer, por medio de ciertos maleficios, que su cabeza se desprendiera de su cuerpo.

Para alcanzar ese poder, nos dijo, las brujas deben pactar “con los dueños de las cuevas”, y para ello, lo primero es recorrer varias de esas oquedades naturales, llevando una gallina viva que debería ser indispensablemente de color negro.”

Este animal es la primera víctima de los maleficios, pues la bruja, inmediatamente de llegar a la cueva que escogió para ese fín, lo descabeza con un fuerte machetazo o bién con un cuchillo perfectamente afilado. Acto seguido, entierra la cabeza de la gallina en el interior de la cueva, a una profundidad de 40 o 50 centímetros, buscando un lugar en el cual pueda quedar disimulado lo que allí deja; pues si llegara algún curioso y escarbando sacara aquel despojo del ave, irremediablemente se perdería el poder que pretende alcanzar.

Los días más apropiados para el fin que se persigue, son los miércoles, ya sea por la mañana o por la tarde. Además, la mujer debe ir sin ningún acompañante, porque no debe haber ningún testigo del acto que va a realizar, y por ello ni siquiera puede acompañarla un familiar cercano.

Ya dentro de la gruta y después de enterrar la cabeza de la gallina, se hinca y pronuncia las siguientes palabras: “Señor dueño de la cueva, concédeme la dicha de poder hacer mal a los que me envidian o a los que son mis enemigos.”
Repite la anterior petición varias veces, y en seguida reza oraciones que en esos momentos improvisa. Permanece horas enteras de rodillas, insistiendo en que le sea concedido el poder especial de hacer que su cabeza pueda separarse de su cuerpo y vaya rodando hasta llegar a la casa de sus enemigos para causarles el mal que, en esos casos, siempre es mortal.

Al regresar a su hogar, camina confiada en que su petición ya fué atendida y que, en lo sucesivo y cuántas veces lo necesite, podrá su cabeza separarse de su cuerpo, salir para causar un mal mortal a quien escoja como su víctima, volver a su casa y, ya unida con su cuerpo, seguir viviendo como un ser completamente normal, sin que nadie pueda darse cuenta de aquellos actos de brujería que muy pocas personas pueden realizar.

Después de haber hecho lo anterior y cada vez que la mujer lo necesite, esperará una noche en la que la luna vaya a estar oculta por varias horas y, a la medianoche, encontrándose en el lecho, pedirá con devoción “al dueño de la cueva ” que su cabeza se desprenda de su cuerpo, momentos después de lo cual comienza el terrible cercenamiento.

Por otra parte, desde unos instantes antes de que se inicie la separación, el esposo de la bruja cae en un profundo sueño, lo cual le impide darse cuenta de lo que está ocurriendo.

Ya separada la cabeza del cuerpo, ésta comienza a rodar, sale de su casa y continúa rodando por los caminos y veredas, dirigiéndose a la morada de la persona a quién va a causar un daño que, como antes anotamos, es irremediablemente mortal.

Al llegar a la casa escogida, busca algún hueco que le permita entrar, logrado lo cual lo primero que hace es acercarse al lugar donde está el fuego y hay cenizas. De inmediato comienza a comer el carbón que se encuentra apagado. Si en ese momento llegara a despertar la persona que será víctima de la brujería y del maleficio de la cabeza rodante, el mismo terror que le produce ver esa cabeza en su casa, la hace víctima del mal y estará condenada a morir en breve plazo.

Pero, aun cuando no se despierte, también será víctima del mal, por la sola vecindad de aquella espantosa cabeza, que aunque está separada de su propio cuerpo, tiene vida y poderes especiales para causar daños mortales.

Según nos informó la anciana, el único peligro que corre la cabeza rodante consiste en que se enrede su cabellera – que las mujeres indígenas siempre usan larga- en algún tronco o rama con espinas, pues para desprenderse de aquella complicada maraña de cabellos, empleará mucho tiempo y llegará tarde a su casa. Esto podría ser fatal pues si se diera el caso de que la cabeza rodante no estuviera unida a su cuerpo cuando ya está alumbrando el sol, morirá en el acto, y con ella perecerá el cuerpo descabezado que permanece reposando en el lecho, junto al esposo que continúa durmiendo con un sueño profundo y anormal, del que no puede despertar como de costumbre.

Nos platicaba aquella tzotzíl que se han dado casos en que, al llegar las primeras luces del nuevo día, el esposo despierta y se da cuenta de que su mujer tiene en los dientes la clara huella de haber comido carbón, pero, pero al preguntar a su mujer qué le ha sucedido, invariablemente la bruja tiene un pretexto para justificar la presencia del carbón en sus dientes.

Suele ocurrir, entonces, que el esposo empiece a desconfiar y vigilar la conducta extraña de su mujer, con el natural temor de vivir con una bruja, y meditando sobre la forma de evitar seguir unido a ella o sobre la manera de impedir esas salidas nocturnas.

Desde luego, sabe que deberá tener cuidado especial en procurar que no haya discusión con su esposa, pues si tal cosa ocurriera, la siguiente víctima sería indudablemente él, conociendo de los males que una bruja puede causar y que no perdona a nadie.

La mayor parte de las veces, aquel preocupado esposo acude a curanderos no brujos para, aleccionado por éstos, encontrar la forma de resolver victoriosamente esta difícil situación.

Combatir a la bruja cuya cabeza se desprende del cuerpo es casi imposible, porque según nuestra informante y sus propias palabras: “Está entregada a hacer el mal”. Por ello, el consejo que generalmente recibe es vigilar constantemente a su mujer, fingiendo por las noches estar dormido, hasta que llegue el momento en que la bruja necesite salir y, no dándose cuenta de que su esposo está despierto: proceda a invocar al “dueño de la cueva” y se separe lentamente la cabeza de su cuerpo; el hombre esperará que aquella parte de la mujer salga rodando y entonces, procurando vencer su justificado terror, hará uso del “secreto” que le habrán enseñado a preparar los curanderos.
Dicho “secreto” consiste en una mezcla de ajos, sal, tabaco y dos litros de agua, previamente preparada por el esposo.

Así, encontrándose solo, mientras la cabeza sale a cumplir su criminal misión, deberá el esposo de la bruja bañar con el líquido del “secreto” el cuerpo decapitado, que, que permanece inmóvil y totalmente indefenso.

Tal sustancia hará que, al regresar la cabeza ya no pueda unirse al cuerpo que ha quedado sin vida, y unos instantes después la cabeza perderá toda su vitalidad, muriendo junto al lecho conyugal. Sin embargo, agrega la anciana chamula: “Es tal el poder de la bruja que también el esposo fallece unas horas más tarde.”

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